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©2007-2009 ~DarkMirime
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Pues esto es un Cuento :XD:

L.A P.R.I.M.E.R.A C.A.C.E.R.Í.A
Kenaz tenía pocas semanas de haber salido del cascarón. Se encontraba sentado sobre sus patas traseras, con la espalda erguida y los brazos cruzados sobre la tierra. La mirada fija en sus hermanos que practicaban los mismos juegos tontos de siempre: morder, arañar, perseguir. Gruñó fastidiado. Eso ya no le bastaba. Kenaz quería cazar.
Carraspeó, aclarando su garganta. Era un buen ejemplar, no un estorbo. Sus dientes y garras, pequeñas pero fuertes, estaban listas para entrar en acción. Sólo necesitaba una oportunidad.
Desvió su mirada hacia su madre, que permanecía echada sobre el nido. Admiró en silencio su altiva obstinación: aún ahí, incubando un huevo a pesar de que el tiempo de la eclosión se había pasado por varias lunas. Su madre podía ser tan desesperante.
-Bien.- Se dijo.- Si los adultos no me dan la oportunidad. Yo crearé la mía.-
Decidido al fin, se levantó y emprendió el camino.

La espesura de la selva era atravesada por lanzas de luz, que dejaban un rastro ardiente flotando sobre la tierra. Era un día caluroso, como cualquier otro en el mundo primitivo. La única diferencia la marcaba la pequeña cría que atravesaba la vegetación, moviéndola imprudentemente. La criatura que la contemplaba, se estiró perezosa sobre el hongo gigante. Se encontraba satisfecha, por lo que atacar al infortunado aventurero no estaba en sus planes. En lugar de ello, fijó sus ojos, de un amarillo enfermizo, en la cría. La pequeña cresta de plumas blancas le revelaba que era un macho. Bajo los ojos – de un verde, o quizá azul, no podía estar seguro debido a la distancia- el leve plumaje le cubría como máscara, pero sin llegar a la quijada, después retrocedía por el cráneo hasta el cuello y descendía para detenerse en a mitad del lomo. Parecía que la naturaleza caprichosa le había pintado una línea, bajo la cual las escamas plateadas se opacaban gradualmente, quedando negras en la barriga y cuerpo bajo. La garra mayor de las patas traseras, la retráctil, que se doblaba para no tocar el suelo, era lo único distinguible por el brillo que lanzaba. Se preguntó qué hacía vagando solo. ¿Estaría perdido? Por la forma en que miraba de un lado a otro audazmente y su porte temerario, dedujo que no. Era un explorador solitario.
-Es como yo.- Se dijo, sintiendo una punzada de simpatía, que al instante fue devorada por su humor oscuro. En ese momento la cría pasó justo frente a él.

Kenaz observó al raptor que a su vez le observaba desde el hongo. Le sostuvo la mirada y bebió todo el desprecio y amargura que destilaba. Sin dejarse intimidar observó la cresta de plumas que recorría su lomo, empezando desde su cabeza y terminando en la punta de la cola, donde se abrían como abanico. Supuso que eran plumas, pues no podía distinguirlas bien debido a las sombras que la maleza ejercía. De lo único que podía estar seguro era del rojo espeso de su cuerpo, como si estuviese cubierto de sangre seca. Un estremecimiento involuntario lo sacudió al reparar en la cantidad de esqueletos que yacían en el suelo. Un olor a muerte volvía el aire pesado, como si hubiera estado estancado por miles de años.
Ignorando su pelaje erizado continúo con su camino.
Esa fue la primera vez que Kenaz vio a Isa.

Al final de la selva se encontraba un gran valle, que era divido por un río de agua cristalina y enmarcado por una cadena de montañas. A lo lejos la geografía había puesto un volcán, el cual vomitaba nubes negras, día y noche.
El valle albergaba a miles de familiar de herbívoros, así que la estupefacción de Kenaz fue grande: ¡nunca había visto a una presa viva! Ni hablar de tantas juntas y de tan variadas formas y tamaños. Era como ser un vagabundo en otro planeta.
Silbó cuando se topó con una criatura imposible, de tan grande. El monstruo andaba en cuatro patas y tenía un vientre hinchado –la cría hizo la cuenta: quizá albergaría a unas 60 familias de raptores-. Su cuello se alzaba tan alto como el árbol más viejo. Kenaz estaba seguro que su propio tamaño no era comparable ni con un diente plano del brontosaurio.
Por lo tanto decidió que esa sería su primera víctima.
Armado de valor arremetió contra una de las patas traseras. Saltó e impulsado con su cola, golpeó con sus garras retractiles. Cayó en la tierra y observó su hazaña, orgulloso. Pero se dio cuenta de que su ataque ni tan siquiera había rasguñado la piel.
Gruñendo volvió a atacar, clavando tanto sus garras traseras como las delanteras, quedando colgado de la pata del monstruo. Como eso tan poco sirvió de mucho, lo mordió. Entonces sí que hubo una reacción: el brontosaurio sacudió su pierna, como quien se sacude un arbusto. Y el pobre Kenaz salió disparado a estrellarse contra unos matorrales.
Con la cabeza y el cuello en tierra y el resto del cuerpo al aire, apoyado en la vegetación, Kenaz decidió que había sido un poquito ambicioso con su presa.

Horas más tarde, estaba hambriento. Lo único que había conseguido era una colección de contusiones y un orgullo herido. No quería admitir su derrota porque todavía no estaba preparado para ella. Terco como era, lo intentó una vez más, contra un espegosaurio.
Un rá;pido golpe de la cola llena de púas, que apenas puso esquivar, llevó a Kenaz a trastabillar hasta un borde, justo donde comenzaba una planicie empinada, tropezó, y rodó abajo sintiendo como su cuerpo golpeaba en algunas rocas, para al final detenerse poco después de donde la planicie daba una curva y se hacía recta, perdiéndose en la selva.
Oscuridad total por un instante. Después, manchas de color que se convertían en figuras borrosas. Una era especialmente grande. Cuando su vista se enfocó, distinguió un enorme dinosaurio postrado sobre la tierra. Por unos momentos supuso que estaba muerto, pero el leve movimiento del costado, inflándose y desinflándose, le hizo ver su error. Levantándose, caminó errático hasta el animal, lanzando la mordida contra la pata delantera. La víctima alzó la cabeza alargada, y sus tres cuernos destellaron ante los últimos rayos del sol. Miró al agresor con cansancio, sin inmutarse. Después volvió a recostarse.
- ¿Qué pasa? ¿No represento una amenaza?- preguntó ofendido Kenaz, retrocediendo. Agitó la cabeza porque las figuras danzaban ante él.
La presa no se molestó en contestar.
- ¿Qué te pasa? ¿;Por qué no corres?- Volvió a preguntar, retomando el control sobre su cuerpo.
- Si vas a comerme, sólo hazlo y ya.-
- Pues sí, eso voy haré.- Kenaz se lanzó de nuevo atacando con su mortífera garra, logrando hacer una pequeña herida en el costado - ¡Ja!- Se jactó.
- Eso no sirve.-
La cría ruñó ante la insolencia de su víctima, ¿no se daba cuenta de lo que pasaba?
- ¡Hey!- llamó Kenaz.- ¡Te mataré!-
- Bien.-
- ¿No te importa?-
El animal, que era una hembra, movió su cabeza para verle. “No”, respondió. Kenaz se sintió contrariado cuando los ojos se fijaron en él, eran tristes, como los de quien ha pasado días en vela, llorando.
Entonces el raptor se sentó a pocos metros de ella.
La noche robó la última lanza de luz y esparció su negro manto, sumergiéndolos en su oscuridad.

- ¿;Por qué sigues aquí? ¿;Por qué no me has devorado?- La voz molesta despertó a Kenaz la mañana siguiente.
- No te mueves. No me gusta así.- Contestó, soñoliento.
-¿;Por qué?-
- No lo sé. ¿Estoy intrigado, quizás? ¿Cómo te llamas?-
- No importa, ya estoy muerta.-
- Anda, si me tienes aquí, quiero saber a quién estoy viendo.-
- No te tengo aquí, estás por gusto.-
- Da igual.-
El raptor se sacudió, esponjando su plumaje.
- ¿Qué haces aquí?- Preguntó de pronto, taimando sus plumas con el hocico. Ante el silencio de la triceratops, dijo: “¿Qué, no vas a hablarme? Porque si tú no hablas yo puedo hacerlo durante todo el día, quizás te mate de aburrimiento. ¿No te basta esta amenaza? Entonces comenzaré: nací en el clan de velociraptores comandado por Odila, que por cierto, ya está chocheando. Mi vida no es muy larga, puedo resumirtela en tres líneas, por eso te contaré sobre la de mi madre, una criatura tan testaruda como ninguna, pasa los malditos días sentada sobre un huevo muerto. No se si es obsesión o está demente porque cuando era joven- ”.
- ¿Tu mamá te quiere hasta la muerte?- Interrumpió de pronto la víctima.
- ¿;Por qué?-
-La mía murió aquí.- Dijo, acariciando la tierra con la cola - Intentó defenderme de un depredador, pero no pudo y murió. Todavía huele como ella.
- ¿Y eso te tiene aquí?- Kenaz preguntó incrédulo.
- Sí, quiero irme con ella.-
- Que estupidez, mejor deberías recorrer este valle, es grandísimo. Puedes encontrarte cualquier cosa – y añadió, mordaz - hay muchos lugares donde meter la cabeza.-
- ¡No estoy jugando! Además ¿qué sabes tú? Ella dio su vida por mí. Y yo no lo merezco. Siempre fui mal portada, me separaba de la manada, hacía lo que quería, rentándola todo el tiempo.
- Ya, ya. Sólo digo que deberías hacer que valiera la pena. Si te quedas aquí a morir, su sacrificio fue en vano.- Dijo Kenaz distraídamente, mientras se rascaba el cuello con una pata.
La triceratops observó el cielo claro, manchado en parte por las pinceladas de carbón que el viento traía desde el volcán. Nubes oscuras como sus trágicos pensamientos.
- Gebo.-
- ¿Qué dices?-
- Mi nombre es Gebo.-
- ¡Grandioso!- Resopló Kenaz, visiblemente molesto.
- ¿Grandioso qué?-
- Ahora ya no podré comerte.-
- ¿Qué?-
- Yo no como lo que tiene un nombre. Ahora ya no eres una presa, ahora eres Gebo.-
- Pero si tú me pediste… - Gebo alzó una ceja inexistente y le miró contrariada. Por unos momentos su angustia se esfumó, porque su mente rompió uno de los eslabones de la enferma cadena de pensamientos.
- Eres raro.-
- No. Soy superior.-
Y le sonrió, mostrando en la esquina del hocico los afilados colmillos. No era una mueca temible, sino seductora y altanera. Gebo rió, a su pesar, del exceso de confianza del depredador.

Escondido en la maleza de la selva cercana, Isa observaba, estupefacto. Nunca había presenciado espectáculo tan peculiar. Un herbívoro y un carnívoro riendo juntos, como si se conocieran desde varias lunas. La cría de raptor tenía un halo especial, algo hipnotizante. Quizás no totalmente desarrollado, debido a su juventud.
-Como el fuego.- Se dijo. Pero antes de tener tiempo de compararlos, sus sentidos lo pusieron alerta. Se agazapó en los matorrales y esperó expectante. Olía el peligro. Porque el peligro olía a brea.

El estómago traidor de Kenaz se retorció, agujerado por los jugos gástricos. Gebo le sonrió.
- Tienes hambre.-
- No he comido desde ayer.-
- Torpe.-
- ¡Hey! La culpa es tuya, si no hubieras…- Kenaz dejó la frase en el aire, de la tierra le llegaron vibraciones. Eran constantes, como pasos, pero hechos con mucha lentitud o por una criatura tremendamente grande y pesada.
- ¿Qué sucede?-
- Siento algo… y huele raro.-
- ¿A qué?-
- No lo sé, es nuevo para mí.-
El crujir de los árboles, el siseo que producían las hojas al ser agitadas: algo se acercaba. El instinto de Kenaz le dijo que tenían que irse. Rá;pidamente se levantó y corrió hacia la triceratops.
- ¡Levántate!- Ordenó, con furia.
- ¿;Por qué? No quiero hacerlo.-
- ¡No me importa! ¡Levántate!-
Gebo estuvo a punto de ceder ante la autoridad e ímpetu del fuego azul de los ojos rapaces. Mas logró recuperar la compostura y grave, espetó: No.
- ¿Qué? No te estoy preguntando, ¡Levántate!-
- NO. Me quedo aquí, donde murió mi madre, donde moriré yo.-
- ¡No seas tonta, esto ya no es un juego!-
- Para mí jamás fue un juego.-
De entre los árboles de la selva salió una cabeza, enorme, de mandíbulas fuertes y dientes formidables. Los más grandes y afilados que Kenaz hubiese visto en su –corta- vida. El animal, de ojos pequeños, se detuvo al salir de entre la vegetación. Andaba sobre dos poderosas piernas, cuyas patas se encontraban manchadas de una sustancia negra y espesa. Los brazos, a comparación, estaban muy limpios y eran cortos, con dos dedos nada más.
- Vámonos.- Habló Kenaz, bajito, para que no lo oyera el cazador.
- Es él.- Gabo le ignoró.- Quien se comió a mi madre.-
La bestia le escuchó y volteó. Kenaz se dio cuenta que no era capaz de verlos, por la forma en que las aletas de su nariz se movían. El cazador separó las mandíbulas, produciendo un sonido grave. Sin más aviso se lanzó contra ellos, abriendo sus fauces.
El golpe fue certero. Las quijadas se cerraron sobre el lomo y Gebo gritó. Kenaz retrocedió asustado, los brazos recogidos, en cuclillas y la cabeza hacia arriba, viendo al agresor. No sabía reaccionar. En eso la bestia soltó a su presa y se tambaleó a un lado.
Salido de ninguna parte, un triceratops adulto embestía con furia al cazador.
- ¡;Padre!- Chilló Gebo.
Kenaz temblaba, mirando a todos lados, demasiado temeroso como para intentar algo.
- ¡VETE!- Escuchó, Gebo se levantó y le empujó con el cuerno de la nariz, agregando con cansancio: Gracias por tu compañía.
Le empujó con fuerza, lanzándolo al interior de la selva. Kenaz se desplomó sobre la maleza, pero juntando fuerzas se dio la vuelta para ver a Gebo. La batalla comenzaba y era terrible: danza macabra de la supervivencia.
- Huye, niño.- Le dijo de pronto una voz, sorprendido la cría vio al raptor rojo a su lado.- ¿Qué esperas? ¿En verdad quieres ver? -
Aturdido por la impresión de tantas cosas que sucedían sin freno, Kenaz huyó. No quería ver. Ni estaba seguro de poder soportarlo.
Corrió con toda la fuerza de sus pequeñas piernas, sin mirar atrás. Corrió sin descanso hasta que la selva se transformó en terreno árido. Corrió hasta que vio a su madre, y antes de que ella pudiera reaccionar, se lanzó contra su barriga postrada en el suelo, y a la fuerza se abrió camino al cálido hueco entre la tierra y ella, donde el último huevo descansaba.
El plumaje de la hembra se erizó en sorpresa, relajándose al instante. Su bebé regresaba de su aventura.

Comments


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:iconwarthogdemon:
Cool. o.o Looks like a gastornis. *Decides to fave.* :D

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:pointandlaugh: :pee::toilet:
:iconthanato5:
:wow: nice work.. that eye is beautiful :clap:
:icondarkmirime:
X3 Thanks!!!
:glomp:

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:blackrose: Lo cierto es burdo, y lo común vulgar; y en la verdad asecha lo grosero. La realidad fue hecha para aquel que no se atreve a imaginar

*Click Here!<
:iconkir-0:
Excelente trabajo! Tengo tanto aprecio por tus trabajos coloreados a mano. Creo que por eso nunca falta un fav de mi parte =) :hug:

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.: Todas las funciones Normales de la Vida Encierran Algún Deleite llamado "felicidad":.
:icondarkmirime:
Thanks! :thanks:
I did not know how to make the eye, but here it is :XD:

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:blackrose: Lo cierto es burdo, y lo común vulgar; y en la verdad asecha lo grosero. La realidad fue hecha para aquel que no se atreve a imaginar

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:icondarkmirime:
^w^ gracias, en verdad, es gratificante saber que todavía hay gente a la que le gusta las cosas hechas a mano ^^; eske aveces te desaniman -me han dicho tantas veces que deje eso y le entre a lo que vende, el coloreado en computadora O.o
:glomp:

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:blackrose: Lo cierto es burdo, y lo común vulgar; y en la verdad asecha lo grosero. La realidad fue hecha para aquel que no se atreve a imaginar

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:iconhybridclaw:
Damn. That's some nice stuff. The eye and feathers are great.

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Do not interrupt me when I talk to myself.
EDGE Project:[link]
:iconanubismito:
awwww, qué preciosidad :love:
:iconkir-0:
Esas personas ke te dicen eso....¡¡¡ Son unos IGNORANTES !!! Lusers!! VA! A mi me encanta el arte digital, pero nada como aprender de lo tradicional. Lo admiro mucho, pero para eso se tiene que aprender tradicionalmente, no se puede hacer arte imitandolo digitalmente, no se puede. Si alguien es bueno pintando en su computadora... que lo pruebe pintando o dibujando con un material de verdad. Sigue coloreando mas niña!!!! Eres muy buena :clap:

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.: Todas las funciones Normales de la Vida Encierran Algún Deleite llamado "felicidad":.

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May 18, 2007
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